He contemplado innumerables testimonios acerca de la alabanza en tiempos difíciles y los resultados que ha traido a las personas que experimentaron practicarla, y los testimonios son maravillosos. Como hemos visto, la alabanza es fruto de una actitud y no de un suceso en nuestra vida. En la vida cristiana tú decides como sentirte y la actitud que debes tomar frente a cualquier cosa que esté a tu alrededor. Si la alabanza de nuestros labios y de nuestro corazón dependiera de los sucesos de nuestra vida nunca llegaríamos a nuestros objetivos. Una actitud de alabanza nos acerca más a nuestras metas, mas una actitud quejumbrosa nos puede dejar en el desierto para siempre.
La generación quejumbrosa tiene que ser sepultada en nosotros para que una nueva generación que alaba entre a la Tierra Prometida. Mucho va a depender nuestras victorias de aquello que abunda en nuestros labios.
No estoy diciendo que una generación tiene que morir literalmente, sino que esas actitudes tienen que ser "muertas" en nuestro corazón, para que den lugar a la manifestación del Hijo de Dios en nosotros. La queja nos hace andar en círculos, la alabanza nos hace andar en linea recta, pues los mandamientos de Dios se nos hacen más fáciles de sobrellevar. Lo natural en el hombre es quejarse, lo sobrenatural es alabar cuando todo está mal.
Practica la alabanza, y verás la vida con otros anteojos y serás introducido en una nueva dimensión.
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